Vivimos tiempos en que la distracción política parece ser una herramienta para desviar nuestra atención de los problemas reales y graves que enfrenta nuestro pueblo.
En lugar de profundizar en los asuntos de corrupción y en cómo las prácticas ilegales parecen enraizarse en el sistema de permisos, somos guiados, a veces manipulados, para focalizarnos en debates políticos que, si bien pueden ser relevantes, no abordan la raíz de nuestros problemas más profundos.
Mientras nosotros debatimos, el caso de Sol y Playa, un ejemplo emblemático de crimen ambiental y desafío a la justicia, queda en un segundo plano, olvidado en medio de la vorágine política.




